Es común escuchar por boca de nuestros políticos que Gandia es una ciudad que ha vivido permanentemente de espaldas al mar, compartiendo ampliamente esta sentencia, me atrevería a enunciar otra; Gandia ha vivido permanentemente de espaldas a la familia Borja. Y es que encuentro francamente decepcionante el poco partido que por parte de los sucesivos gobiernos locales y si me lo permiten de la sociedad civil hemos sabido sacar a este referente histórico y cultural. Entonemos por tanto el mea culpa, intentando retomar el tiempo perdido y el camino olvidado.
El PP y NNGG de Gandia apoyan, como no puede ser de otra manera la celebración del V Centenario de los Borja. El gobierno municipal encontrará en nosotros un leal aliado para poder ofrecer nuestra mejor cara a los visitantes que recibamos. Un proyecto común, de futuro y crecimiento para la ciudad que no entendería en estos momentos de partidismos o politiqueo barato. Cuando todo pase y el V Centenario Borja forme parte de la historia, será momento de reflexionar, evaluar y poner cada cosa en su sitio. De momento corresponde a todos seguir comprometidos con el buen desarrollo de un acontecimiento que debería suponer un salto cualitativo en nuestra propia concepción de la ciudad.
Creo que la programación cultural es medianamente aceptable. El programa de gobierno del PP en las pasadas municipales contenía múltiples propuestas que podrían haber sido aceptadas por los responsables municipales. Aunque debo decir que el mismo presenta cosas poco entendibles, como por ejemplo incluir como acto del año Borja la inauguración de las obras de la Plaza Elíptica. A día de hoy, continuo sin saber de la relación de los Borja con la citada Plaza.
Y enlazando con este último punto y donde sí debo insistir porque creo que no hemos estado a la altura de las circunstancias es en la planificación que ha habido al respecto de las obras en Gandia. No podemos ofrecer una imagen de una ciudad abierta en canal, con la Galería Daurada empantanada, un Paseo Germanías por hacer o una Plaza Tirant llena de polvo.
Si Barcelona tuvo sus Olimpiadas, Sevilla su Exposición Universal o Valencia su Copa América, sería incomprensible que Gandia perdiera su principal oportunidad de abrirse al mundo. Incomprensible e imperdonable.
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